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Diarios de Viajes de Sudáfrica
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ming1111
A Silent Letter

Joined: 11 Jun 2018
Posts: 7

PostPosted: Thu Jun 14, 2018 4:50 am 
Post subject:  Diarios de Viajes de Sudáfrica
 

Nunca un relato de un viaje leído en Internet influyó tanto a la hora de escoger nuestro destino. El relato de Chufina en esta misma plataforma, nfl jerseys for sale fue el que hizo que este viaje se hiciese realidad. Llevábamos tiempo queriendo hacer un safari fotográfico, aunque como no habíamos hecho nunca uno, no queríamos dedicarle demasiados días por si acaso nos aburríamos. Desde ese punto de vista, Sudáfrica se ofrecía como un destino perfecto: unos pocos días de safari en el parque Kruger, y volar a Ciudad de El Cabo para visitar la ciudad y sus alrededores. Cuando compramos los billetes, contactamos con Chufina y con Flotas, el gran experto de los foros de Sudáfrica, y confeccionamos el itinerario.

El tema del safari fue un pequeo quebradero de cabeza. El parque Kruger dispone de campamentos en los que pernoctar a precios razonables sin ningún lujo, pero dispone también de reservas privadas en las que hay lodges donde alojarse con todo tipo de lujos a precios nada razonables. Comenzamos haciendo la búsqueda viendo la disponibilidad en los diversos campamentos, hasta que vimos las fotos de varios bolso michael kors marron resorts privados de lujo. Pasado el susto del precio inicial, sacamos la calculadora y comenzamos a echar números. No solemos darnos ningún lujo en nuestros viajes, así que por una vez decidimos hacer una excepción y comprobar qué se siente yendo a los sitios donde generalmente va la gente con pasta. Encontramos una "oferta" de un sitio que tenía dos lodges, uno de cuatro y otro de cinco estrellas, y michael kors bolsos ofrecía dos noches en cada uno. Nos pareció buena idea, a pesar de que por más que mirábamos el precio no veíamos la oferta por ninguna parte. Como Comprar Camisetas Futbol el que no se consuela es porque no quiere, nosotros nos consolamos pensando que el precio incluía pensión completa, dos safaris en jeep al día de tres horas cada uno, dos safaris caminando y en ambos lugares tendríamos una especie de chalé individual para nosotros.

El viaje quedó dividido en dos partes: el safari, y lo que llaman la Garden Route hasta Capetown. El segundo tramo lo haríamos por carretera, así que reservamos dos coches: uno para trasladarnos hasta el parque Kruger y otro para recorrer la Garden Route. Reservamos el alojamiento en Capetown para los últimos días y compramos el billete de avión interno entre Johannesburgo y Port Elizabeth. El resto de noches hasta llegar a Capetown iríamos buscando dónde dormir sobre la marcha. Teníamos ya todo más o menos organizado cuando nos encontramos con una sorpresa inesperada: la gastronomía en Sudáfrica es muy importante. No en vano, tres de los considerados cien mejores restaurantes del mundo se encuentran en ese país. Así que buscamos los que estaban en nuestra ruta y reservamos mesa en dos de ellos.

A nuestra llegada a Johannesburgo seguimos la rutina de costumbre: sacamos dinero del cajero y recogimos el coche que habíamos reservado. Siguiendo nuestros hábitos, renunciamos a alquilar GPS y nos conformamos con unos cuantos mapas de carreteras que nos dieron en la oficina de alquiler. Para esa noche habíamos reservado una habitación en un Holiday Inn Express en las afueras de la ciudad y así poder salir fácilmente camisetas personalizadas al día siguiente hacia el parque Kruger. Para Camisetas Baratas Futbol acceder a él había que pasar por una garita de seguridad, ya que todo el perímetro del mismo estaba vallado y electrificado. Este aspecto fue uno de los que más nos sorprendieron durante el viaje: especialmente en Johannesburgo vimos muchísimos muros con alambradas electrificadas.

Una vez pasamos el control llegamos al hotel. Como era más temprano de lo que habíamos calculado, en la misma recepción nos ayudaron a contratar una excursión que nos llevaría a dar una vuelta maglie calcio personalizzate por Johannesburgo y Soweto.

Nos llevaron por el centro, siempre sin bajarnos del vehículo, y después fuimos hasta el estadio en el que la selección espaola de fútbol se proclamó campeona del mundo por primera vez. De ahí fuimos a Soweto, que aunque es un barrio de la ciudad, se estima que cuenta con más de tres millones de habitantes. El itinerario por Soweto nos llevó por calles llenas de míseras chabolas y por otras en las que se veían edificios más dignos. Atravesamos la que Camiseta Valencia Cf dicen es la única calle del mundo en la que han vivido dos premios Nobel (Nelson Mandela y Desmond Tutu), y nos pararon en el Museo Hector Pieterson para que lo visitásemos. Es un museo lleno de fotografías con sus comentarios respectivos, en el que se trata de explicar cómo la muerte del joven Hector Pieterson fue la llama que inició la caída del Apartheid. Es un museo un poco duro, en el que uno se encuentra con el corazón en un puo cada vez que ve una imagen o lee un relato, pero que es muy interesante para comprender un poco de ese complejo país que ha sido, y quizás sigue siendo, Sudáfrica.

Con esta visita se terminó la ruta organizada. Una vez nos llevaron de vuelta al hotel, decidimos quedarnos a cenar allí mismo, y cual fue nuestra sorpresa cuando nos sirvieron un rabo de toro que no tendría nada que envidiar a muchos restaurantes espaoles. Aquello tenía buena pinta: si en el restaurante de un Holiday Inn de carretera se comía así de bien, todo parecía indicar que íbamos a disfrutar de la gastronomía del país, como así fue.

El día siguiente teníamos que recorrer unos 500 kilómetros hasta el alojamiento que habíamos reservado, que se encontraba muy cerca de una de las entradas al parque Kruger. Durante la ruta queríamos hacer unas cuantas paradas. La primera de ellas fue en un pequeo y antiguo pueblo minero llamado Pilgrim's Rest, cuyos habitantes lo fueron abandonando cuando se les acabó el oro, y que se ha quedado más o menos como estaba. Continuamos por la ruta de las cascadas, llamada así porque en un tramo no muy largo hay varias cascadas a un lado y a otro de la carretera. Para visitar cada una de ellas, hay siempre un aparcamiento cercano donde dejar el coche e ir caminando. De las que vimos quizás las que más nos gustaron fueron las Lisbon Falls y las Berlin Falls.

Continuamos hasta el Blyde River Canyon Nature Reserve, que tenía una valla cerrada que impedía el paso, a pesar de que según el horario de apertura que había escrito en un cartel debía estar abierto. Seguimos hasta The Three Rondavels, donde para llegar al punto panorámico tuvimos que hacer una caminata que nos dio la sensación que no terminaba nunca. Durante ese tramo nos cruzamos con un buen número de italianos. Aunque no podíamos saberlo en ese momento, los turistas de esa nacionalidad iban a ser Authentic Steelers Jerseys Cheap una constante en nuestro viaje. Los Three Rondavels son tres montículos con una cierta forma de rondavel, típica construcción africana circular con techo de paja.

Tras la visita de los rondavels pusimos rumbo hacia el alojamiento donde teníamos previsto pernoctar. El sitio era Zuleika Country House, donde habíamos reservado una habitación standard con cena y desayuno. Allí comenzamos a comprobar que el mes de agosto realmente es temporada baja en Sudáfrica en lo que a turismo se refiere. Como estaban a media ocupación, nos hicieron un upgrade a una habitación de lujo. El lugar era muy simpático, emplazado en una auténtica casa de campo, y nos dieron una cena magnífica. Ninguno de los demás huéspedes había solicitado el servicio de cena así que estuvimos solos. Nos sirvieron crema de remolacha, seguido de pechuga de pollo horneada con mostaza y pimienta acompaada de verduras; y de postre tarta de queso con frutos de la tierra.

Al día siguiente teníamos que llegar al primer lodge hacia las dos de la tarde, y queríamos atravesar parte del parque Kruger por la maana, así que decidimos madrugar bastante. Como el horario de desayuno era posterior, la noche anterior tuvieron la amabilidad de prepararnos dos cajas para la maana siguiente, para que no perdiésemos el desayuno y pudiéramos tomarlo sin perder tiempo. Resultaron estar llenas de cosas, y con una para los dos hubiera sido suficiente. Fueron muy simpáticos en Zuleika y se portaron fenomenal.

Ver Etapa: Llegada a Johannesburgo

El primer lodge se encontraba en Sabi Sand Game Reserve, una reserva privada unida al parque Kruger, pero que no pertenece al estado, sino a unos cuantos inversores que son los que tienen los lodges allí. De esta forma, los animales circulan libremente al estar unido al parque, pero a la reserva solamente pueden acceder los visitantes que vayan a pernoctar en algún lodge del interior. Lo que consiguen con eso principalmente es darle un punto de exclusividad al entorno evitando las aglomeraciones de turistas.

Esta zona se encuentra hacia el suroeste del parque, y nos habían dicho que desde la Orpen Gate, que se ubica un poco más hacia el norte, se tardaba unas 5 horas en llegar. Nos pareció una exageración, ya que aunque el límite de velocidad en el interior del Kruger es de 50 km/h, la distancia era de unos 130 kilómetros, así que no veíamos por qué nos daban esa estimación. Nosotros, por si acaso, madrugamos bastante y a las ocho de la maana llegamos a la Orpen Gate.

En el interior del Kruger hay un par de prohibiciones bastante obvias: alimentar a los animales y bajarse del automóvil salvo en los campamentos. De hecho, recomiendan ir con las ventanillas subidas, lo cual al final nos supuso andar todo el rato subiendo y bajando para hacer una fotografía cada vez que veíamos algún animal. En el interior del parque recorrimos la carretera que va de norte a sur y salimos por la Paul Kruger Gate, ya que no se puede acceder a Sabi Sand desde el interior. Durante ese trayecto nos encontramos con una gran cantidad de animales: búfalos, monos, elefantes, cebras, jirafas, un avestruz (que cruzó la carretera delante de nosotros con toda la tranquilidad del mundo), kudus, unos cuanto hipopótamos en una charca lejana, ús, una leona, un tucán, e impalas, muchos impalas, que a la postre sería el animal que más veríamos en nuestra estancia en la zona. Según nos dijo un ranger más tarde, el impala es el único animal que se puede asegurar que se va a ver en un safari por el parque.

Cuando llegamos a Idube Game Reserve, que así es como se llamaba el primer sitio que teníamos reservado, eran las dos de la tarde. Habíamos tardado exactamente cinco horas desde la Orpen Gate.

Nada más llegar a Idube ya nos dimos cuenta de que estábamos en un sitio especial. Se acercaron un par de personas que nos dieron la bienvenida y nos dijeron que cogiéramos del coche todo lo que fuésemos a necesitar, ya que ellos llevarían el coche al aparcamiento. Una vez sacamos nuestros bártulos, insistieron en que los dejásemos allí, que ellos los transportarían a nuestra habitación. Nos sentaron en una mesa donde nos esperaban sendos cócteles de fruta exquisitos, y donde rellenamos una hoja con nuestros datos y otra del estilo de la que te hacen rellenar en los hospitales: les exonerábamos de cualquier cosa que nos pudiera suceder durante nuestra estancia allí. Estaba claro: nos encontrábamos en medio de la Naturaleza Salvaje. Nos condujeron a nuestra habitación, donde ya nos esperaban nuestras pertenencias y nos dijeron que podíamos ir a comer cuando quisiésemos, porque a las tres y media salía nuestro safari en jeep (game drive lo llaman ellos). El alojamiento estaba muy bien. Era un pequeo chalé individual con una habitación y un bao bastante grandes, y un porche en el que teníamos una mesa y dos tumbonas. Había también una ducha al aire libre en la parte trasera, pero aunque a mediodía hacia bastante calor y se podía estar en manga corta, no pensábamos utilizarla.

Una vez dimos nfl custom jersey cuenta de la comida, que fue tipo buffet y estuvo muy bien y muy variada, nos dispusimos para hacer nuestro primer safari. El jeep era un típico vehículo de safari, con un asiento en la parte delantera, en la que se sentaba el rastreador, el asiento del conductor, donde iba el ranger que conducía y explicaba, y detrás tres filas, cada una un poco más elevada que la anterior para favorecer la visión. Cada fila contaba asimismo con tres asientos. Nos sentamos en la fila detrás del ranger, el cual llevaba en el salpicadero un rifle bastante imponente (al menos para nosotros).

Esa tarde fuimos siete turistas en el jeep: detrás de nosotros se sentó un matrimonio hispano ruso, y en la tercera fila un matrimonio alemán con su hija. Todos los game drives tenían una duración de tres horas, con una pequea parada para tomar un té o café con unas pastas y galletas, y quien se sintiera valiente, aliviar la vejiga detrás de algún arbusto. Decimos lo de la valentía porque en medio de la sabana uno nunca sabe qué puede encontrarse a la vuelta de un matorral.

En ese primer game drive vimos una pequea manada de elefantes, un grupo de monos, dos rinocerontes hembras con una cría (a las que se les unió un rinoceronte macho que quería un poco de juerga con la hembra que no era la madre de la cría), un kudu y una manada de búfalos.

El ranger nos contó que en el grupo de monos el macho más viejo es el jefe del mundial futbol 2018 grupo y durante la noche no duerme para vigilar, de tal forma que si ve/siente/huele peligro, despierta al resto; también nos comentó que un rinoceronte puede estar hasta un mes cortejando a la hembra hasta que consigue su propósito, en el que se demora hasta media hora (por eso, nos dijo, en oriente se usa la ralladura de cuerno de rinoceronte, porque creen que tiene efectos parecidos al viagra). Esa tarde también estuvimos siguiendo el rastro de un leopardo, que al parecer estaba fresco (el rastro), pero no dimos con él.

Cuando el sol empezó a ocultarse comenzó a hacer un fresquete bastante importante, que no fue nada comparado con el frío que pasamos en el safari de la maana siguiente.

Al llegar al lodge nos dejaron un poco de tiempo de relax y luego fuimos a cenar. La cena era en la boma: se trata de una zona circular rodeada de una valla hecha con troncos y en cuyo centro hay una hoguera; alrededor de esa hoguera se sitúan las mesas formando un círculo, donde los turistas nos sentamos a cenar. El ambiente está muy logrado, ya que la única luz que hay proviene de la hoguera y de unos pequeos candiles que ponen en las mesas. Tras la cena nos fuimos a dormir, porque a la maana siguiente nos despertaban a las seis para nuestro safari matutino, que comenzaba a las seis y media.

A las seis de la maana hacía mucho frío. A esas horas nos ofrecieron un te o café con unas pastas y algo de fruta, ya que el desayuno se servía a la vuelta del safari. Durante esa maana nos aprendimos el nombre del rastreador, que se llamaba Lannet y el del ranger, Andries. Lannet, además de ir capeando el frío como podía, se dedicaba a buscar huellas por el suelo y animales en lontananza. Los rastreadores están entrenados para eso, ya que son capaces de ver cualquier tipo de animal a kilómetros de distancia. El ranger también, y eso tiene casi más mérito porque tiene además que ir conduciendo y manejando la camisetas baratas 2017 radio: todos los lodges de Sabi Sand están comunicados entre sí por la radio, de manera que van comentándose unos a otros los animales que ven y dónde los ven. Eso esta fenomenal, porque al fin y al cabo los animales van a su ritmo y no están esperando en un sitio para que lleguemos los turistas y les hagamos la foto. Y gracias a la radio y a la comunicación es como vimos esa maana nuestra primera pareja de leopardos. Estuvimos siguiendo el rastro junto con otro vehículo, porque habían vuelto a ver huellas frescas. Fuimos poco a poco acotando la zona con el otro jeep hasta que llegamos al sitio. Eran un macho y una hembra y les vimos aparearse a unos diez metros de distancia. Fue algo sencillamente espectacular (nos referimos a verlos en acción, no al acto en sí, eso habría que preguntárselo a los leopardos). La hembra estuvo un rato zarandeando al macho, que se hacía el remolón, hasta que finalmente se produjo la cópula.

Otra de los cosas buenas que tiene gastarse la pasta e ir a una de estas reservas privadas es que tienen unas estrictas normas a la hora de estar delante de los animales, de tal que forma que solamente puede haber dos o tres vehículos alrededor de éstos, dependiendo de la zona y/o de los animales. Así se evitan las aglomeraciones en torno a los animales como las que tuvimos más tarde en el parque. Y claro, esa exclusividad hay que pagarla.

Junto a la pareja de leopardos vimos un kudu, o lo que quedaba de él, colgando de un árbol. Nuestro ranger Andries nos comentó que los leopardos, cuando cazan una presa, la camisetas de futbol mas vendidas suben a lo alto del árbol para evitar que los carroeros, que van al olor de la sangre, les quiten su comida. Así el leopardo puede comerse el animal en varias tandas: lo deja colgando del árbol y vuelve más tarde a rematarlo, cuando vuelve a tener hambre.

Antes de ver a los leopardos vimos bolso negro michael kors dos kudus y un ground hornbill, y después dos leones macho que iban caminando. Andries nos dijo que eran hermanos, no sabemos si porque les sacó algún tipo de parecido o por qué, pero nos lo creímos. Del ground hornbill, cuya traducción en espaol no hemos conseguido concretar (en algún sitio le llaman calao, y en otros bucorvus, aunque en realidad ese parece su nombre en latín), nuestro ranger nos contó que es una especie de la que hay pocos ejemplares, ya que ponen dos huevos y cuando nacen, uno de los dos polluelos mata al otro, de manera que solamente sobrevive uno.

A nuestra vuelta al lodge, fue el momento del desayuno, que estaba compuesto de un variado buffet. Tras esto, le tocó el turno al bushwalk, que consistía en hacer el safari caminando. Ahí fuimos un grupo reducido: el matrimonio alemán (sin la hija), Andries y nosotros. Antes de comenzar, Andries, que portaba el rifle, nos dio unas normas de obligado cumplimiento durante la caminata, tras lo cual nos echamos a andar.

Vimos a los omnipresentes impalas, antílope africano parecido a una gacela; vimos waterbucks hembras, llamados en espaol antílopes acuáticos y que se defienden de sus predadores introduciéndose en Comprar Camisetas De Futbol Baratas el agua, y por último vimos dos rinocerontes. Eso ya fueron palabras mayores. Despacio y con todo el sigilo del que fuimos capaces nos acercamos bastante a ellos, al menos según nuestra opinión: aunque nos hubiéramos acercado un poco menos tampoco hubiese pasado nada; no era cuestión de hacerse los héroes a esas alturas. Tras contemplar de cerca ambos animales emprendimos el camino de vuelta.
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